Santillana es un pueblo pequeño,
romántico, mágico y sobre todo lleno de belleza. Es un pueblo
echo de piedras fundidas por soles y humedades. Por las calles empedradas
resuena de noche el silencio de los siglos.
Algo que es admirable son las leyes que controlan las construcciones
dentro de la parte vieja. |
Fuente abrevadero, que está en medio de la
calle de los cinco nombres.
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Las casas son los monumentos del lugar.
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La más espectacular de sus calles,
la que cae sobre la colegiata tiene cinco nombres distintos. Esta vía
y su paralela, que únicamente se llama de Santa Juliana, para no
restarle honores a la fundadora, albergan los más gloriosos monumentos
del lugar. Tales monumentos al tratarse de un pueblo en el sentido metafísico
de la palabra, son las casas. Muchas de ellas muestran encajados en las
piedras sillares escudos y blasones. |
Ciertamente, la gran arquitectura de Santillana es su Colegiata,
que se edificó a mediados del siglo XII. Entre esta Colegiata y
la enternecedora fuente cubierta de musgo que está en el medio de
la calle, entre la riqueza eclesiástica y la vida cotidiana de las
gentes del pueblo, entre los escudos de los poderosos y los balconcillos
de los súbditos, Santillana exhibe su calidad de refugio para los
hombre todos. Como si se tratase de la fase siguiente a la cueva de Altamira
en el desarrollo de la convivencia.
Calle empedrada, camino de la Colegiata
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Claustro de la Colegiata
Ese es el pálpito del tiempo, que parece no haber pasado
por este pueblo de piedra en arte, y que consigue que el turista, viaje
en el tiempo paseando por estas calles silenciosas y encantadas.
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