| Los hechizos de
Benilda
Dios
te coronó de gracia
al darte rubio color,
y un par de ojos azules
de sin igual esplendor.
Un andar muy placentero,
y un sensible corazón,
y un cuerpecito de virgen
CON GALAS DE LO MEJOR.
Quiso ser tan hechicero
el padre que te hechizó
que en ti todos los hechizos
que poseía dejó.
Son
hechiceros tus labios,
hechicero es tu pudor,
hechiceras tus miradas,
como hechicero es tu amor.
No niegues a nadie niña
que posees el gran don.
De hechizar con tus hechizos
hasta al mismo Creador.
No eres de jardín 'riqueño
la más elegante flor;
Pero posees hechizos
CON GALAS DE LO MEJOR.
de Apuntes
de mi lira
por Nazario Santiago (abuelo Nazario)
(Universidad de Puerto Rico Colección puertorriqueña)
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Abuela,
hace un tiempo que te fuiste en el ferrocarril del cielo. Recuerdo aquel
triste día en la estación de la ÚLTIMA DESPEDIDA. Estaban todos los
Santiagos reunidos esperando tu partida. Yo iba corriendo a la estación
pues quería decirte adiós. Sabía en mi corazón que con tu pasaporte
vencido este día tendrías que partir. Al llegar a la entrada oí
aquella triste voz. "Abuelita se nos va" Entre lágrima y
dolor entré enseguida a la estación y vi la gran tristeza de mi madre
y mi familia. Ellos sabían donde iba el tren pero no querían que te
fueras. Me detuve a decir hola y a calmar la tristeza de mi madre que
lloraba inconsolablemente. Entre palabra y palabra mi alma se
desesperaba pues oía los anuncios por el altavoz de la estación."¡Última
llamada para despedirse de los pasajeros!" decía el conductor
con una voz que retumbaba en toda la estación. Traté y traté de
decirte adiós pero no podía dejar a los otros con su tristeza. Y antes
de terminar de hablar oí el ferrocarril partir. Corrí y corrí hacia
el tren con el corazón en la mano. No importaba cuan rápido iba el
tren se alejaba mas y mas. Finalmente, se perdió en el horizonte de mis
esperanzas. Allí quedé en la vía cansado, confundido, triste y
atolondrado. No pude decirte adiós. Me pareció ver tu mano ondulando
suavemente un "te veo, Papo". Regresé a la estación
y abrasé a toda la familia. Solo una alegría brillaba en
mi corazón, que las penas de este mundo ya no te molestarán mas.

Y en este
tiempo, como to' los años, me parece oír el tren regresar a la estación
. Me pongo la ropa y corro como un loco a la estación. Espero y espero
pero el tren nunca llega. Es tan solo una ilusión. Me siento a llorar
en las estación con recuerdos de tiempos de niño. Recuerdos del aroma
de café, de ajo y de recaito picado. Memorias de tu voz suave y tierna
cuando cantabas tus himnos. Tu voz era como un bálsamo a mi corazón en
tiempos de tempestad. Espero que cuando llegue mi tiempo y el tren pare
en la estación estés en el primer vagón. Y en ese día glorioso no
habrá tristeza en mi alma. Nos veremos otra vez y en vez de decir
adiós diremos: ¡Estamos juntos otra vez!
Dedicado a la
memoria de Benilda que a dejado un vacío inexplicable en mi corazón.

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