Doña Benilda
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Recordamos a quien en vida amó y sirvió al Señor, la hermana BENILDA VAZQUEZ (1908 - 1991)

Los hechizos de Benilda

Dios te coronó de gracia
al darte rubio color,
y un par de ojos azules
de sin igual esplendor.
Un andar muy placentero,
y un sensible corazón,
y un cuerpecito de virgen
CON GALAS DE LO MEJOR.
Quiso ser tan hechicero
el padre que te hechizó
que en ti todos los hechizos
que poseía dejó.

Son hechiceros tus labios,
hechicero es tu pudor,
hechiceras tus miradas,
como hechicero es tu amor.
No niegues a nadie niña
que posees el gran don.
De hechizar con tus hechizos
hasta al mismo Creador.
No eres de jardín 'riqueño
la más elegante flor;
Pero posees hechizos
CON GALAS DE LO MEJOR.

de Apuntes de mi lira
por Nazario Santiago (abuelo Nazario)
(Universidad de Puerto Rico Colección puertorriqueña)

El ferrocarril del Cielo El tren del cielo

Abuela, hace un tiempo que te fuiste en el ferrocarril del cielo. Recuerdo aquel triste día en la estación de la ÚLTIMA DESPEDIDA. Estaban todos los Santiagos reunidos esperando tu partida. Yo iba corriendo a la estación pues quería decirte adiós. Sabía en mi corazón que con tu pasaporte vencido este día tendrías que partir. Al llegar a la entrada oí aquella triste voz. "Abuelita se nos va" Entre lágrima y dolor entré enseguida a la estación y vi la gran tristeza de mi madre y mi familia. Ellos sabían donde iba el tren pero no querían que te fueras. Me detuve a decir hola y a calmar la tristeza de mi madre que lloraba inconsolablemente. Entre palabra y palabra mi alma se desesperaba pues oía los anuncios por el altavoz de la estación."¡Última llamada para despedirse de los pasajeros!" decía el conductor con una voz que retumbaba en toda la estación. Traté y traté de decirte adiós pero no podía dejar a los otros con su tristeza. Y antes de terminar de hablar oí el ferrocarril partir. Corrí y corrí hacia el tren con el corazón en la mano. No importaba cuan rápido iba el tren se alejaba mas y mas. Finalmente, se perdió en el horizonte de mis esperanzas. Allí quedé en la vía cansado, confundido, triste y atolondrado. No pude decirte adiós. Me pareció ver tu mano ondulando suavemente un "te veo, Papo". Regresé a la estación y abrasé a toda la familia. Solo una alegría brillaba en mi corazón, que las penas de este mundo ya no te molestarán mas.

Doña Benilda

Y en este tiempo, como to' los años, me parece oír el tren regresar a la estación . Me pongo la ropa y corro como un loco a la estación. Espero y espero pero el tren nunca llega. Es tan solo una ilusión. Me siento a llorar en las estación con recuerdos de tiempos de niño. Recuerdos del aroma de café, de ajo y de recaito picado. Memorias de tu voz suave y tierna cuando cantabas tus himnos. Tu voz era como un bálsamo a mi corazón en tiempos de tempestad. Espero que cuando llegue mi tiempo y el tren pare en la estación estés en el primer vagón. Y en ese día glorioso no habrá tristeza en mi alma. Nos veremos otra vez y en vez de decir adiós diremos: ¡Estamos juntos otra vez!

Dedicado a la memoria de Benilda que a dejado un vacío inexplicable en mi corazón.

Guillermo Santiago Jr.