Cuentos del Barrio
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La virgen de siete velas

Deseos de tiempos viejos

El Ferrocarril del Cielo

Manden mis cenizas...

El inodoro

Biografía de Guillermo Santiago

Estos son algunos escritos de mi desafinada lira mientras lloraba comiéndome unos Cheerios® con crema y azúcar. En aquel gran desayuno, en el cual tomé Mabí en vez de jugo de china, pensaba en todo los momentos desgraciados de mi vida y como los hubiera evitado. Como siempre era un tiempo muerto pero algunas notitas salieron del cansado instrumento. No me quedó mas remedio que ponerlas en este papel.

La Virgen de siete velas

Tempranito en la mañana, al comenzar la faena, se encontraba en su oficina Doña Suncha Marie Herrera. Marie era una enfermera con un espíritu incansable. A todos los ayudaba y con su voz tierna y pura hasta las heridas sanaba. Marie no era casada, divorciada o lesbiana. Era que no había encontrado el príncipe de sus sueños. Marie era señorita o mejor dicho jamona. Pero era un alma de Dios. Por to'eso yo llamaba a Doña Suncha Marie Herrera, la Virgen de las siete velas.

Tempranito en la mañana llegaba el primer paciente y allí estaba Marie Herrera con su carrito de auxilios. Lo chequeaba, lo curaba y llamaba al doctor. El doctor venía corriendo cuando Suncha Marie llamaba. Sabían que ella sabía y que el tiempo no se iba a perder. El paciente sonriente, con sus heridas curadas, le daba gracias a Marie por su esfuerzos de santa. Todo el mundo la adoraba y tambien la respetaban. Ella sabía de todo y solo quería ayudar.

Una vez llego un niñito con una herida mortal. Marie le puso sus manos y muy quieta parecía orar. Con sus bálsamos a mano el dolor se fue a volar. Enseguida llego el doctor para completar el trabajo y cuando vio to' esa sangre le dijo a Marie en el oído: "Este niño se nos va." Como alma electrificada ella llamó pa' la operación. Como magia nunca vista el niño desapareció en las cortinas secretas de la sala de emergencias. Un momento paso y muchos momentos mas. Marie fue a ver al niño y cuando parecía que'l se iba comenzó a respirar. El doctor abrió sus ojos y miro alrededor. Vio a Marie Herrera a los pies del niño y supo que era un milagro. ¡Ese niño se nos salvó!

Otro día en la emergencia se formo un gran revolú. Llamaba la policía para pedir prioridad. Ocurrió un gran tiroteo e iban a traer los heridos para recibir tratamiento. Marie estaba preparada con to' su staff avisada. Llego el primero, el segundo y Marie los dirigió. El tercero fue un problema pues estaba agita'o. Cuando lo entraron por la puerta un pistola cogió y allí mismo disparó. Enseguida lo pararon pero un cuerpo calló al suelo. Era la santa enfermera que a todos con amor ayudó. Y allí, de un crimen sin sentido, Doña Suncha Marie Herrera, La Virgen de siete velas, su bella vida perdió. Y colorín, colorado a la virgen la han matado.

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Deseos de tiempos viejos

Yo soy la tragedia y el dolor de otros.
Si quieres alegría y tranquilidad
no me mires ni me busques.
No tengo alegrías ni cuentos de buenos tiempos.
No tengo recuerdos de amores viejos,
ni consejos para un mundo nuevo.
Tengo solo malestar, intranquilidad y sed constante.
¡Tengo la revolución!
Deseo que hubiera un mundo nuevo.
Con amor y compasión para el sufrido y agobiado.

No puedo dejar de ser de'ste modo.
¡Puertorriqueño soy !
Quisiera que mi tierra se levantara con su preciosa cara,
sus palmeras, sus montañas y riachuelos en busca de identidad.
¡Ay, Boriken!
¿Porque no puedes ser mía?
Yo te sueño y te anhelo en cada suspiro que doy.
Tu perfume lleno de flores.
Tu brisa cálida como el sol que toca tu cuerpo día a día.
Tu tez prieta, morena y blanca habla de tus amores.
Yo te tomo como eres.
No tengo celos de otros.
Solo quiero que me ames, que me toques y me beses.
Quiero tus abrazos, tus caricias, y tu aroma.
Pero sufro esta condena sin razón.
Te contemplo, mi tierra, desde lejos como un viejo cansado y agobiado...
Tantos años de lucha sin definición.
Tierra linda, no tienes esposo ni amantes.
Solo tienes niños que hablan de tiempos mejores
y de "me voy de aquí pa' no volver".
Y en tu soledad, oyes las voces murmurando en el espacio,
pero nadie te da amor.

¿Y Mari Bras, será puertorriqueño o americano?

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El ferrocarril del Cielo

El tren del cielo

Abuela, hace un tiempo que te fuiste en el ferrocarril del cielo. Recuerdo aquel triste día en la estación de la ÚLTIMA DESPEDIDA. Estaban to' los Santiagos reunidos esperando tu partida. Yo iba corriendo a la estación pues quería decirte adiós. Sabía en mi corazón que con tu pasaporte vencido este día tendrías que partir. Al llegar a la entrada oí aquella triste voz. "Abuelita se nos va" Entre lágrima y dolor entré enseguida a la estación y vi la gran tristeza de mi madre. Ellos sabían donde iba el tren pero no querían que te fueras. Me detuve a decir hola y a calmar la tristeza de mi madre que lloraba inconsolablemente. Entre palabra y palabra mi alma se desesperaba. Pues oía las señales por el altavoz de la estación."¡Última llamada para despedirse de los pasajeros!" decía el conductor con una voz que retumbaba en toda la estación. Traté y traté de decirte adiós pero no podía dejar a los otros con su tristeza. Y antes de terminar de hablar oí el ferrocarril partir. Corrí y corrí hacia el tren con el corazón en la mano. No importaba cuan rápido iba el tren se alejaba mas y mas. Finalmente, se perdió en el horizonte de mis esperanzas. Allí quedé en la vía cansado, confundido, triste y atolondrado. No pude decirte adiós. Me pareció ver tu mano ondulando suavemente un "te veo, Papo". Regresé a la estación y abrasé a to' la familia. Solo una alegría brillaba en mi corazón, las penas de esta vida ya no te molestarán mas.

Y en este tiempo, como to' los años, me parece oír el tren regresar a la estación . Me pongo la ropa y corro como un loco a la estación. Espero y espero pero el tren nunca llega. Es tan solo una ilusión. Me siento a llorar en las estación con recuerdos de tiempos de niño. Recuerdos del aroma de café, de ajo y de recaito picado. Memorias de tu voz suave y tierna cuando cantabas tus himnos. Tu voz era como un bálsamo a mi corazón en tiempos de tempestad. Espero que cuando llegue mi tiempo y el tren pare en la estación estés en el primer vagón. Y en ese día glorioso no habrá tristeza en mi alma. Nos veremos otra vez y en vez de decir adiós diremos: ¡Estamos juntos otra vez!

Dedicado a la memoria de Benilda que a dejado un vacío inexplicable en mi corazón.

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Manden Mis Cenizas por Correo Aéreo.

Y en el cielo azul, debajo de los rascacielos
se esconde mi amor por ti.
No hay barreras que no rompa por tu hermosa voz y perfume.
No te vayas lejos de mi porque me pierdo en esta
ciudad de rocas y laberintos perpetuos.

Veo la costa en las afueras
pero no veo tu cuerpo ni tus ondulantes palmeras.
Te has perdido en la tiniebla de la lluvia y el progreso.
¿Me oyes?
¿Me vez?
¿Dónde estas tierra preciosa?
Las golondrinas vuelan y buscan pero no me pueden decir nada.
Hablan como que ofrecen ayuda en una lengua que no entiendo.

Ya me di por abandonado voy a buscar donde descansar.
¡El viento de'sto lugares!
Ese viento tan maldito con olor a orines viejos
que me frisa el alma entera y paraliza el pensamiento.
Preciosa, ¿dónde te fuiste?
Solo vine a visitar.
Yo no me quería quedar.
Quiero verte y sentirte.
Quiero bañarme en tus ríos.
Quiero entregarme en tus playas.

Y el tiempo paso como decía El poeta.
Muchos años han pasado pero al fin entiendo esa canción.
Tuve que comprar abrigo pa' protegerme
del maldito viento 'el norte.
Ya entendí las golondrinas..
Murmuraban... "regresa a tu casa Papo"
"¿Qué rayos haces aquí?"

Aquí estoy de prisionero.
Por querer ver otras tierras y correr de'sa mujer.
Me enchufe en un trabajito
pero esto no es mi tierra.
No es mi lindo Puerto Rico.
Las rencillas de las razas no paran en esta ciudad.
Yo estoy en el mismo medio
Y a nadie le importo na'.
Los blancos quieren inglés,
los negros to' en africano,
los puertorricans to' las cosas en espanish,
y los otros... ¡que se jodan!

Monumento al Jibaro
Y ahora, cuando creo que to'sta bien
me encuentro con otro dilema en esta jodia nación.
Otra vez me salen alas para volar a otras tierras.
Caliente y con historia nuestra
pero todavía mas lejos de mi linda Boriken.
¿Hasta cuando la condena?
¿Hasta que no tenga aliento?
Solo espero que alguien se acuerde
de recoger lo que quede.
y lo mande correo aéreo al pueblito que más amé.
Al pueblito del Torito Josco.
¡A mi precioso Cayey!

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El Inodoro

Se sentó Martín del Prado en su trono blanquecino. Mientras pensaba, descansaba y soñaba en los tiempos ya pasados. "To’ las cosas que han pasado... las guerras, la economía y el budget de EE.UU. que no se enfría. Hay tanta injusticia en el mundo y en mi mente todo es fácil. Las drogas, el welfare, las filas largas, la pobreza y la negrura. La pobreza... eso siempre me interesó. No había forma ninguna de figurar su existencia. Y, sin embargo, ahí estaba como el Sol, como la Luna allí estaba su presencia."

Martín creció en un barrio pobre pero nunca se enteró. Su madre lo ayudó en todo aunque era divorciada. Al niño Martín del Prado nunca nada le faltó. Y cuando Martín creció se encontró con la torcida balanza de un sistema singular. "Martín, nosotros somos pobres. Vas a tener que luchar pa’ ir a la Universidad." Estudió y estudió. Luchó, Martín y estudió. Y con sus grandes esfuerzos Martín sus sueños realizó. El doctor Martín del Prado, cirujano del corazón. Se empeñó tanto en sus estudios que se olvidó de sus amores. Después, cuando trato sus amores se desilusionó desesperadamente. No había mujer que se quedara porque el no era interesante. El no bailaba ni bebía. Parecía no haber forma de mantener el interés de ninguna mujer buena. Que ironía pa’ Martín, remendaba corazones pero no de mal de amores. Y sin embargo, estar solo no era un mal del otro mundo. "Es mejor estar solo que mal acompañado" decía el pa’ sus adentros.

Se encontraba en su oficina remendado corazones y descubrió que to’el mundo no podía pagar por sus labores. Martín tenia un corazón de bondad y comenzó a dar sus dones sin cobrar un níkel mas. Se encontró con to sus partners y le llamaron la atención. "Martín, tienes que pagar la renta, el seguro y el Jag. Vas a irte a la pobreza. Nosotros vamos a renunciar." Martín cambió su bondad y dejo de ver los niños pobres.

Una noche, de madrugada lo llamaron del hospital. Juanito, un niño pobre estaba muriendo ya. No lo había visitado antes porque la familia era de un barrio de por allá. Hizo todo lo que pudo y no cobró ni un vellón. Pero, a pesar de su esfuerzo el muchacho se murió. Y como dicen pora’i a Martín un tornillo se le soltó.

Y un día de mañana cogió su humilde metralla y mató a los niños pobres. Sus cuerpos tiernos, sin mancha ascendían por montones a los brazos del Señor. Y Martín… allá en su trono, contemplaba los recuerdos de su miserable matanza...

... Tun, tun, tun... ¿Oye? ¿MARTÍN? ¿Que haces? SAL DEL TOILET mi’jo. ¡Tienes que ver a doctor HOY!

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Guillermo Santiago Jr.

Y... ¿Quién es este Guillermo Santiago Jr? Yo nací en Santurce, Puerto Rico. Mi familia ha vivido en diferentes partes de Puerto Rico. La mayor parte de mi niñez y juventud la pase en Reparto Metropolitano. Mi mamá es de Comerío. Es una maestra retirada y su nombre es Juana Luisa Santiago. Mi papá es de Santa Isabela y su nombre es Guillermo Santiago. Aunque el apellido de ellos es igual te aseguro que no son primos. Estudié en las escuelas: República del Brasil, Villa Nevares, y Juan José Osuna.

Era un muchacho de barrio sencillo pero atolondrado. Me gustaban la música rock, los boleros y los cantantes Tito Rodríguez y Sylvia Rexach. Nunca he sido tremendo amante de los deportes excepto por el boxeo. Mis amores siempre han sido la música, leer y la tecnología. Desgraciadamente el camino que tomé fue un poco iracundo debido a las presiones familiares. Luego que terminé la superior estudié en la Universidad de Puerto Rico. Tenia un minor en biología, física, y música. Desgraciadamente no me quede lo suficiente para tener un major. Después de dos años y medios y por pura desesperación fui aceptado en la escuela de medicina de Cayey.

A pesar de todas las dificultades el tiempo que pase estudiando medicina fueron uno de los tiempos mas felices de mi vida. Quizás eran los compañeros de estudio o el pueblo de Cayey. Solo se que recuerdo a este pueblo con gran amor y dulzura.

Luego hice mi residencia de pediatría en el Lincoln Hospital (en Bronx). Allí conocí a mi preciosa esposa, Teng. Al terminar la pediatría decidí hacer la especialidad de psiquiatría de adultos en El Barrio. El hospital se llama Metropolitan. Allí me puedes encontrar si alguna vez se te afloja un tornillo.

Yo y mi esposa hemos tenido dos pequeños. La nena es María Luisa, La llamamos Nuni de cariño. El nene es Benjamin y lo llamamos BJ. Y por supuesto, mi primer hijo todavía esta en todo lo que hago y en mi corazón. Su nombre es Guillermo y lo llamamos Júnior.

Mis pasatiempos son jugar con mis hijos, jugar Doom® y Hexen®, leer novelas de ciencia ficción, jugar con mi esposa, componer música (MIDI) y leer los mensajes de Coquí.

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